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2-Trento y el descubrimiento.

 

 

 El segundo día a las 7:30, ya estaba sobre la burra.

 

 

 

Continuando el valle, la N94 se convirtió en la SS24 al entrar en Italia. Conforme descendía por Claviere y Oulox, me sumergí en un velo de niebla, que se sumaba a la pertinaz llovizna, inseparable desde el amanecer.

 

 Salí del valle, precioso valle… la carretera SS25 serpenteaba de montaña en montaña, subía y bajaba riéndose de la Autostrada A32 a la que discurría paralela… en realidad, la carretera solo era paralela a las caprichosas líneas topográficas del terreno.

 

 

 

 

 

Llegados a Torino, nada quedaba de las montañas y hondonadas, del rió, del valle, del verde, del azul… me sumergí en la llanura gris que es el industrializado norte de Italia, una planicie de desarrollo… hice lo único que podía hacer, lo que cualquiera hubiera echo, una huida hacia delante, auestrada A4 dirección Milano, con un par de vueltas a la Tangenciale de Milán, cortesía de dos caravinieri despistados con uniforme de Armani, con poca educación, y menos sentido de la orientación.

 

 

 

 Continúo dirección Venecia, y veo la luz en Ospitaletto, salgo del infierno hacia lo verde, lo verde y azul… Desde Saló, la SS45bis bordea el quinto lago del norte de Italia, entre túnel y curva, se me aparece “EL lago di Garda”, pequeño mar a los pies de los Alpes. Lastima de hora, al mediodía la carretera estaba saturada.

 

 

 

 

 

En Riva del Garda me despido del azul, y “las Dolomita” me franquean el paso a Trento, la ciudad del concilio… como impresionan esas moles a un chico de llano.

 

 

 

 

 Trento esta recogido entre montañas, gusta sin emocionar, bien organizado, se nota la influencia alpina, se come de lujo.

 

 

 

 

 

 

 

 El hotel de agroturismo, encantador, pero un poco apartado, la moto durmió con un Rolls-Roice original, pero un poco mayor.