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3-Annaberg y la emocion.

 

 

 El tercer día aprovecho la Autostrada A22 para salir de Trento  dirección Bolzano, pero la abandono con rapidez en Egna para montarme en la SS48. Con machas mas aspiraciones que la Autostrada discurre por el mismo valle, pero elevándose hasta los 2000m, escalando la montaña curva tras curva, dejando el calor y el trafico debajo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 La SS48 es una carretera divertidísima, Carano, Cavalese, Predazzo, Moeva, hasta Cortina Dampezzo. 

 

 

 

 

 

 Las Dolomitas son un lujo para cualquier moto adicto, conforme me adentro en el valle, los Alpes crecen. Cruzo por primera vez los Alpes por el “Passo Pordoi”, asciendo bamboleante durante 25 “voltas” bien numeradas, que vienen a ser 25 curvas de herradura con una pendiente ilegal, el paso es impresionante… poco después bajas otras 25 voltas de nuevo a otro valle.

 

 

 

 

 

 

 

 

Entro en Austria por Sillian, compro la “viñeta” para 10 días, el mínimo, 4,5€ para motos, aquí las autopistas son gratuitas, pero has de pagar por circular.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Me emociona tanto verde… ¿de donde saldrá?, a modo de respuesta divina  comienza a llover. Otra vez el traje de agua, ya soy experto en vestirme y desvestirme en una cuneta.

 

 

 

 En Austria es fácil orientarse, como en Italia… no como en Francia, te indican perfectamente las numeraciones de las carreteras en cada cruce, en cada rotonda. Entro por la B100 y comienzo a pasar localidades con una media de 15 letras… estos tipos tienen palabros con 5 consonantes seguidas, ni intente aprender a pronunciar.

 Entraba y salía de la autopista sin problemas, aquí es una vía mas. Otra vez mi afición por las rutas enrevesadas me lleva a perderme un par de veces.

 Nada mas abandonar la autopista acabo hundido en un valle, en una carretera que no llega a terciaria… rodeado de verde, sin tráfico… consigo volver a la ruta, pero entre montañas anochece pronto. Mi destino era un pueblecito de diez casas, y la burra se une a la fiesta con el indicador de fallo en la luz, la frontal, una bombilla fundida, y la otra a punto. Por supuesto no se me ocurrió llevar bombillas de repuesto, tampoco sabría como cambiarlas…

 

 

 

 

 

 

Annberg se retrasa, pasan los puentes, y la B24 no se acaba, resoplo hasta ver el cartel.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un hotel familiar típicamente austriaco, con una recepcionista polaca muy divertida, aburrida del pueblo, con aspiraciones de gran ciudad.. tan obvias como su escote.