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ETAPA 3ª - Miércoles 31 Oct. 2007 :::::
Nada más despertar me asomo a la ventana. El día es soleado, buenas
vistas al bonito patio interior del seminario, pero tendremos que
salir de la ciudad para ver cómo andará hoy de revoltoso el viento.
Antes, desayunamos en la Hospedería, y aprovechamos para tomar
algunas fotillos de su interior y alrededores:
Una vez cargado el equipaje nos ponemos en ruta, rumbo a Zaragoza.
Nada de autovía, iremos por Alfambra, Cortes de Aragón, Belchite...
Hemos quedado con Carlos a la hora de comer, y como vamos sobrados
de tiempo, confiados hacemos alguna parada por el camino; en este
caso, en Mezquita de Jarque, caserío entre lomas rodeado más allá
por valles abiertos (vaya la que nos esperaba luego con tantos
espacios abiertos). Aquí una fotillo de la portada de su Iglesia de
S. Lorenzo:
Aprovechando la fuerza de Eolo:
Los molinos eólicos son frecuentes por la zona, aunque en el día de
hoy y hasta ese momento, el viento no nos ha molestado en demasía;
tampoco más adelante por el puerto de San Just (1408 m.).
Curiosamente, conforme menos molinos vemos, empezamos a notar su
presencia cada vez con más y más fuerza... tanta, que la cosa se
puso seria, muy seria. Acabamos circulando totalmente inclinados, y
a pesar de que entre ocupantes y equipaje llevamos bastante peso, el
viento con sus rachas nos zarandea como a peleles, lo que obliga a
extremar la atención al máximo.
La verdad que no me había enfrentado antes al cierzo, pero como
sureño que soy, más de una vez he peleado en moto contra los
ventorales de Tarifa y el levante de las costas gaditanas, que no
son ninguna tontería... al final da igual cómo le llamen, es uno de
los mayores enemigos para el disfrute de ir en moto.
En esas condiciones apenas podíamos circular a 70-80 Km/h, pero aun
así nos la íbamos jugando; la dirección de la moto era muy inestable
y el viento nos lanzaba fuera de la carretera sin piedad. Obligado a
llevar el motor más revolucionado, permanentemente alerta, pendiente
de las continuas oscilaciones en los empujones del ventoral,
tratando de contrarrestarlas... no es plato de buen gusto, pero uno
es tozudo y hay que tirar para delante; aunque sea poco a poco, es
lo que vamos haciendo.
En ocasiones la carretera se abre paso excavada a través de alguna
solitaria elevación, quedando ambas lomas a los lados, y piensa uno
en poder descansar de los envites al atravesarlas... craso error;
las corrientes llevan tanta fuerza que rebotan en los laterales,
creando remolinos que agitan aun más el manillar y tren delantero;
pasas en instantes de ir inclinado hacia un lado y al inverso. Las
mangas o embudos de tela colocados estratégicamente al margen de la
carretera oscilan tensos a tope (más tarde confirmo que ese día
hicieron vientos de 70-80 Km/h), y el contador de distancia avanza
los Km más lentamente de lo deseado, parece que apenas avanzamos.
Conducir así se convierte en una lucha, física y mental. Físicamente
puede acabar uno agotado, y mentalmente no es bueno obsesionarse con
el problema, porque puede vencerte y hacer que desistas. Prefiero
pensar en el destino, que nos esperan en casa de Carlos con unas
cervezas fresquitas, y capear los envites con paciencia, procurando
que la serenidad se imponga.
La AT lleva gasolina de sobra para llegar, pero hacemos una parada
para repostar y así aumentar un poco más el peso sobre el tren
delantero, tratando de mejorar el aplomo de la dirección. Miro el
reloj y veo que nuestros horarios se han trastocado a causa del
lento avanzar; aprovecho para llamar a Carlos, comentarle cómo van
las cosas y excusarme por el retraso. La paradilla me ha sentado
bien, un poco de relax entre tanta paliza, pero tenemos ya ganas de
llegar, así que reanudamos la marcha sin más demora y poco nuevo que
añadir, paciencia, mucha atención y adelante. Tuvimos el mismo
panorama hasta poco antes de llegar a destino. Lo que sobre el papel
era un relativamente corto recorrido, acabó siendo una paliza
Finalmente llegamos a Zaragoza. Después de unos días por carreteras
más bien solitarias, el tráfico denso de la urbe nos engulle. Me
sorprende la amabilidad de gran parte de los conductores enlatados,
que al vernos aparecer por detrás con los maletones y demás petate,
se apartan un poco hacia los lados para facilitarnos el paso. Olé
por ellos, ojalá hicieran lo mismo en todos lados.
Con ayuda del navegador, llegamos a la localidad donde vive Carlos,
muy próxima a Zaragoza. Le llamo porque es zona moderna y no está
bien detallada en el mapa, pero no hay problema, sale a recibirnos
en las proximidades con su GS1100 (muy guapa por cierto; esas
defensas H&B que llegan hasta el faro le dan una pinta estupenda
).
Metemos las motos en su garaje; hoy la dejaremos ya descansando,
bastante paliza hemos tenido. Aparecen la mujer de Carlos y sus dos
crías, una alegría de churumbelas. Besos, abrazos, y Carlos que no
tarda en ofrecerme un cervezón de la tierra bien fresquito; te
quiero amigo.
Su mujer, de origen madrileño, había preparado un sabroso cocido
típico del que todos dimos buena y gustosa cuenta. Comemos,
charlamos sin parar y por la tarde nos acercamos a la Basílica del
Pilar, patrona de las costillas de ambos.
Ha merecido la pena el palizón de viento para poder pasar el resto
del día con tan grata compañía, buenos amigos y grandes anfitriones.
Ya relajados en su casa, esa noche nos abandonamos bastante cansados
a los brazos de Morfeo (en mi caso, no sin antes pensar en la
rutilla que haríamos al día siguiente y es que jejeje, como tantas
veces decimos, nos puede el vicio, amigo).
::::: ETAPA 4ª - Jueves
1 Nov. 2007 :::::
Tras el reparador sueño, a levantarse tocan. Sacamos las motos fuera
y le inspecciono niveles a la africana antes de salir. Previamente,
la he descargado de tanto equipaje. El top case fuera también,
aunque dejo los maletones, en parte por pereza, pero también para
llevar las herramientas, spray repara-pinchazos, cables, cinta
americana, etc. Soy de la vieja escuela, qué le vamos a hacer.
Dejamos a las mujeres en casa (la espalda de mi costilla agradece
descansar de moto) y nos metemos por una tranquila carreterilla
ajena a la autovía. Carlos la conoce bien, la suele utilizar para ir
y venir del trabajo, relajándose con la moto y el entorno, evitando
el tráfico que envuelve a la ciudad.
Aquí las dos máquinas juntas. No son pequeñas para nada, es que
Carlos es muy grande jeje
Aunque el día parece bueno, por si acaso el viento soplara, la
rutilla planeada discurrirá al resguardo de una orografía más
protectora. Vamos en dirección a la provincia de Huesca; sierra y
curvitas, biennn...
En un tramo de carretera estrecha lleno de curvas, un coche (¿RAV4?)
se interpone en nuestro camino. El enlatado va delante, Carlos le
sigue y yo pegado detrás. Para nuestra sorpresa, no sólo no facilita
el adelantamiento, por contra se pica y empieza a meterle candela...
en las curvas nos va frenando, vamos pisándole los talones y más de
una vez se le ve "despendolao", saliéndose varias veces por
los márgenes de la carretera, levantando humareda de polvillo y
tierra; en las pocas y cortas rectas que hay, le pisa a fondo para
tratar de despegarse, cosa que obviamente no consigue... total, que
nos lo pasamos pipa, y eso que por la mañana habíamos hablado de ir
en plan tranqui
Llegando a la travesía de un pueblo, aminoro la marcha como es
habitual, y aunque el enlatado sigue pisándole, decidimos que es
mejor dejarle ya. Una cosa es divertirse un poco y otra distinta,
jugarse un disgusto poniendo en riesgo a los demás.
Continuamos, ya sin el trasto delante. Voy disfrutando con la
africana sin tanto peso, las curvitas... aunque el amortiguador
trasero no está ya en su mejor momento, qué bien va, se nota el
"adelgazamiento".
En Ayerbe paramos a repostar combustible y seguimos en dirección a
Murillo de Gállego. Hace tiempo me mandó Carlos unas bonitas fotos
de la zona de los Mallos de Riglos, y para allá que vamos, tengo
ganas de pasar con la africota por allí. Son unas formaciones
rocosas en la entrada al Pirineo aragonés, al parecer muy apreciadas
por los aficionados a la escalada. Y desde luego dignas de ver:
Esta foto se la tomo prestada a Carlos, que tiene en
su web una crónica de otra de las veces que ha seguido parecida
rutilla.
Antes de llegar, el río Gállego acompaña por varios tramos de la
carretera. Según me cuenta el amigo, son buenas aguas para la pesca
de la trucha, así que me acuerdo de mi primo Cándido, también motero
pero aficionado además a la pesca, y le mando in situ una fotillo
tomada con el móvil. Jeje, si ya seguía con interés el viaje, creo
que le dieron más ganas aun de estar aquí (mamonasssooo...!!!
contestó al poco
).
Sacamos la cámara para tirar más fotos; alguna subió al foro
mientras estábamos fuera:
No se ve en esa imagen, pero el río discurre abajo, detrás nuestra.
Allí está:
Carlos me había hablado de los mañoalmuerzos con su peña de amigos,
que más de una vez se llevan a cabo en el camping de Anzánigo, de
marcado ambiente motero. Como no nos quedaba demasiado lejos y por
mi parte había ganas de conocerlo, para allá que fuimos.
Nada más llegar, aparcamos las motos y fuimos a hacernos la foto de
rigor junto al monumento a SAN GLAS jeje...
Como se puede ver, el monumento lo conforman una honorable Sanglas
atravesando un monolito, con la chupa y el casco acompañantes. Es un
punto. Como también lo es el "muro de las ofrendas" situado en
frente suya, donde se pueden encontrar desde un trozo de cárter de
BMW K, hasta algún resto de guardabarros, faro o veteasaberqué
de cualquier añeja marca española o foránea, en señal de
agradecimiento de moteros que tuvieron algún percance, pero que
afortunadamente aun pudieron contarlo:
Habíamos pasado tan buena mañana, entre la compañía, las curvitas,
las charletas... se nos ocurrió mirar el reloj y pardiez, se nos
había hecho muy tarde!. Las damas nos esperaban para comer, así que
nos colocamos los cascos, arrancamos y directos de vuelta a
Zaragoza.
Como había una barbacoa esperándonos, Carlos, conocedor de la
carretera, iba delante imponiendo un ritmillo cada vez más fuerte.
Aunque no contaba con un pequeño detalle... La GS había estado
hablando con la AT, y la pobre teutona se enceló un poco porque su
amo no la saca del asfalto... tales fueron sus celos, que en cierto
momento decidió hacerle una demostración imprevista por la
agricultura. Afortunadamente el mañico supo hacerle caso a tiempo,
lo hablaron ya calmados, y con tiento regresaron a la carretera,
sanos y felices.
Pero no, no comieron perdices, ya he dicho que nos esperaba una
barbacoa
Aun nos quedaba cierta distancia para llegar a la ciudad, así que
aprovechamos para intercambiarnos las monturas. En honor a la
verdad, debo decir que comprobé algo ya sabido: que el telelever en
carretera va muy bien... eso de no sufirir apenas hundimiento cuando
apuras frenada delantera es un gustazo, por comodidad (si vas con
pasajer@, no se te empotra en la espalda) y porque no supone tanta
variación en la geometría de la moto, con todo lo que ello implica.
Por ese y algún otro motivo (par por la mayor cilindrada, rueda
delantera de 19, etc.), la GS va muy bien en zona de curvas, aunque
creo que conforme más ratonera es la carretera, más puntos gana la
africana, a pesar de su menor cilindrada. Eso si, cuando el radio de
las curvas se amplia, la GS aprovecha sus facultades y facilita
bastante las cosas. Aunque no sean (que no lo son) lo último del
mercado, ambas son grandes motos, de eso no me cabe duda.
Finalmente llegamos a casa y después de la comilona, esa tarde nos
acercamos de nuevo a la Plaza del Pilar, para visitar la Catedral de
la Seo (San Salvador), pero como nos ocurriera el día anterior, el
horario de visitas terminaba muy temprano. Otra vez será.
Aprovechamos para visitar un poco más la Basílica del Pilar y
adquirir algunos recuerdos.
Oscurece pronto y hace fresquete, así que regresamos a la casa.
Cenita, charla y a descansar, que mañana salimos todos de viaje.
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